EL PESCADOR

Sicilia-01

Aquel día Juan salió a pescar y no volvió más. Se levantó temprano como todos los días, fue al muelle y preparó las redes, acomodó los aparejos y se aseguró de que todo estaba en su lugar. Estaba nublado, como casi siempre en esas latitudes, y una fina llovizna caía sobre la barcaza dejando un reguero de húmedos hilillos en el casco azul y blanco de la embarcación.

Marinero avezado y pescador curtido, sabedor de su habilidad para manejar las olas y las mareas, se dirigió a la bocana y enfilo la proa hacia el mar. Al pasar junto al espigón saludó con la mano a un par de amigos que aún remoloneaban por allí mientras echaban el último pitillo antes de embarcar.

Fueron los últimos que le vieron. Dicen los viejos del pueblo que probablemente harto de una vida triste y gris encaminó su rumbo hacia otros lares. Las mozas cuentan que tal vez encontró a su sirena, una de largas trenzas y suave voz con la que llevaba soñando toda su vida. Los niños por el contrario narran historias de piratas, de cómo Juan derrotó al malvado Barba Roja y se hizo con el mando del bergantín para explorar lejanas islas paradisiacas llenas de hermosas playas y abundantes tesoros.

La guardia costera cuenta otra historia, pero esa no le interesa a nadie.

 

Fotos y Texto: © Conchita Meléndez

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