COLGADA

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Ayer te vi,

cruzabas la calle Mayor  cogido de su brazo y

una ancha sonrisa llenaba tu rostro.

La mirabas como hace tiempo me miraste a mí,

con esa especie de entendimiento

que lo dice todo sin decir nada y

que refleja la complicidad

que sólo los amantes parecen entender.

No habías cambiado,

no sé porque yo esperaba que fuera así,

pero tus ojos tenían el mismo brillo,

la misma serena mirada,

que un día fue mía.

Por un momento me pareció volver al pasado

y que era yo quien ocupaba su lugar,

que era mi pelo el que acariciaban tus manos,

y volví a sentir el susurro de tu voz en mis oídos.

Luego, al doblar la esquina,

el eco de tus pasos se perdió en la distancia

y  yo me quede mirando al vacío,

tratando de recordar porque se acabó todo.

No fue por ella,

de eso estoy segura,

Su llegada no hizo más que acelerar una despedida

que hace tiempo se perfilaba en tus labios.

Tal vez nunca lo sepa,

o quizá siempre lo he sabido

y  no quise entenderlo.

Los pájaros son espíritus libres

y  siempre acaban dejando el nido,

pero yo no supe  ni quise olvidarte.

Desde la primera vez que te vi

me quede colgada en el verde de tus pupilas

y en tu risa cantarina

y  ya no pude bajarme del tiovivo

que hace girar mi vida en torno a ti.