LA CÁNICULA

Cánicula

Cánicula-02

No mueve el viento una hoja,

el sol está en lo más alto,

sale fuego del asfalto

y yo empapada en las sábanas

siento que me estoy liquando.

No hay flores en los cerezos,

ni niños jugando  en la plaza.

Un silencio sepulcral

invade las calles de mi barrio

esperando que pase la cánicula

para poder al menos respirar

sin sentir fuego en las entrañas.

De pronto una gota

golpea los cristales de mi ventana

y veo como el tenúe visillo se agita

apenas un segundo.

Falsa alarma,

la vecina está regando las macetas.

 

Texto y Fotos: © Conchita Meléndez

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