LA CARTA

La-Carta

Tengo tu imagen reflejada en el espejo,

desde que te fuiste no me he vuelto a mirar.

Paseo mi silueta silenciosa

sobre las tablas claras del parqué

y apenas exhalo algún suspiro.

Aún me pregunto ¿por qué?

Te fuiste de una forma tan callada,

no hubo reproches, ni siquiera despedidas.

La noche se te llevo

como el viento arrastra una hoja,

como el mar bate sobre la arena,

como el pájaro que abandona el nido.

Te fuiste y no volviste más.

Cuando el murmullo invade el silencio

oigo tu voz y me pregunto

¿Qué fue de aquel amor?

¿A dónde fueron tus besos?

¿Por qué murió el deseo en ti?

Aún conservo esa tarjeta

en que juraste amarme cada día

y las cartas que una vez me escribiste

impregnadas de sueños y ternura.

Te fuiste si, pero has dejado tu aroma

en cada rincón de esta casa

y yo no puedo respirar.

Deberías haberme matado,

morir no es peor que estar sin ti.

Ni siquiera me atrevo a dormir

por miedo a que en mis sueños aparezcas,

no podría soportar el despertar

con la almohada vacía de tu lado.

Lucho por olvidar esta tristeza

que invade mi ser y que me mina.

Si al menos supiera que eres feliz

tal vez lograra dominar mi angustia,

pero el día amanece y se

que temes la luz de la mañana.

No te guardo rencor, no te odio,

te quise demasiado para poder hacerlo,

pero anhelo la calma y el sosiego,

la esperanza de un mañana, de un futuro.

Algún día me despediré de ti

pero hasta entonces y quizás aún después

seguiré soñándote mi amor.

 

Texto y Fotos: © Conchita Meléndez

EL COLMADO

Huete-01

Ya no hay cintas azules para tu rubio pelo,

ni lamparillas para el altar de mi abuela.

Ya no se ven tebeos de princesas,

ni escobas de palma,

ni caramelos de violetas.

En el  viejo colmado ya no quedan versos

sólo prisas y silencios.

Se fueron con las luces del alba

por los caminos de hierro,

como se fueron los mozos,

como se fueron los muertos.

Recuerdos, malditos recuerdos,

bosquejos de un pasado incierto,

de escenas que nunca existieron.

Maletas vacias que no tienen dueño,

amores robados

y tardes de invierno.

 

Texto y Fotos: © Conchita Meléndez